jueves, 2 de agosto de 2018

Entrevista en La Voz a Segismundo García (A Pontenova, 1951)

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Fuente: La Voz de Galicia


A Segismundo García (A Pontenova, 13 de diciembre de 1951), administrador único de Cerámicas O Castro y Sargadelos, no le importa precisar una y otra vez la historia del grupo -uno de los más emblemáticos de Galicia-, que tuvo sus orígenes en 1806 de la mano del marqués de Sargadelos y que retomó en una segunda etapa en 1947 el polifacético intelectual Isaac Díaz Pardo, quien ya tenía O Castro en Sada. Nombres como el de Luis Seoane aparecen entretejidos en las líneas de esta historia cultural-empresarial que hoy demuestra que se puede sobrevivir a un proceso concursal. 

-La empresa fue bien hasta...

-Funcionó muy bien, pero los años no pasan en balde. A finales de los noventa... al menos en las juntas de accionistas ya notábamos que no había ni la fluidez de ventas ni la chispa de diseño de antes. Probablemente hubo una gestión deficiente. También se desvió dinero de las empresas para el Instituto Galego de Información por importe de 1.000 millones de pesetas. El proyecto nunca fraguó

.-Usted es superviviente de una suspensión de pagos. 
-Lo advertí [consta en actas], que el dinero que se estaba drenando de las empresas hacia el IGI nos iba a acabar pasando factura. Yo era minoritario. Isaac pretendió, en mi opinión equivocadamente, pasar la mayoría del capital a una fundación controlada por sus hijos. Varios accionistas nos opusimos y eso se judicializó. Luego, la situación de crisis contribuyó al deterioro de las empresas. Díaz Pardo llevó la gestión hasta el 2007, más tarde el 60 % de los accionistas (en una junta en la que yo no estaba) decidieron relegarlo. Llegaron otros gestores y tampoco tuvieron éxito. En el 2008, entré como consejero delegado, pero ni los socios ni los trabajadores ni los sindicatos me permitieron hacer cambios. Dimití. Estuve siete meses. Al cabo de tres o cuatro años la empresa entró en suspensión de pagos.

-Lo vuelven a llamar.

-Sí, y les digo que no tengo inconveniente, pero que quiero el poder absoluto. Firmamos un convenio de mayoría de capital estable. Negocié con la Administración, con los acreedores y con los bancos y saqué a la empresa del concurso.

-¿Por qué quería tener el poder?

-Sargadelos-O Castro es algo más que una compañía. Representa a Galicia. Estaba muy sindicalizada [todavía lo está]. Los empleados no tenían claro que aquí no había dinero estatal y que si el producto no se vendía no se podían pagar las nóminas. Además, personas que querían tener una influencia en Sargadelos (me refiero a medios de comunicación, intelectuales...) pedían que se hiciera cultura sin tener en cuenta la importancia de la cuenta de explotación. 

-Entonces fue a por todas. 

-Los hijos de Isaac no me respaldaron. Intenté modernizar los sistemas de fabricación. Propuse una ampliación de capital. Fuimos unos cuantos, y a otros que no quisieron ir les compré las participaciones, incluso a los herederos de Isaac en O Castro. Cuando estábamos en concurso todo el mundo pensó que la empresa no iba a sobrevivir, pero yo tenía confianza. Ahora tengo la mayoría del capital [más del 70 % en cada una de las empresas]

.-¿Cuánto dinero invirtió?

 -Aunque yo soy bastante sincero y bastante bruto, me eduqué en los jesuitas y siempre decían que hablar de dinero es de mala educación. 

-¿Qué recuerdo tiene usted de Díaz Pardo?

-Hombre singular, muy buen empresario, y duro, con capacidad de trabajo infinita. Y a nivel personal preferiría no definirlo.

-Diga algo.

-Si usted no le llevaba la contraria y respetaba sus proyectos aunque alguno fuese equivocado, era desprendido; si le llevaba la contraria y era autónomo, tenía un problema grave. A finales de los noventa, por la presión social, se fabricó un culto desmedido a su personalidad. Editaba a todo el mundo, y las personas que nos oponíamos a sus designios o a las veleidades éramos satanizadas por los estudiados del país.

 -Esa etapa la superó

-Nunca la sufrí íntimamente. Tuve suficiente fortaleza de espíritu.

-¿Hacia dónde va ahora el grupo? Ya salieron del concurso.

-Es un momento dulce, aunque afrontamos una sentencia por la que tenemos que desembolsar 800.000 euros. Eso genera inseguridad jurídica. Se corresponde con un ERE del 2010. Yo no estaba en la empresa, pero la medida fue correctamente tomada porque si no la compañía era inviable. Se hizo de acuerdo con la Xunta. Los sindicatos lo recurrieron, a sabiendas de que la empresa entraría en liquidación. Llegamos hasta el Supremo con las reclamaciones judiciales, y nos dieron la razón. Los sindicatos siguieron recurriendo en Sargadelos una serie de procedimientos formales. Un tribunal de la Audiencia Provincial de Lugo, con un magistrado que ahora es líder de En Marea, y luego el Superior de Galicia les da la razón. Nos mandan readmitir a siete trabajadores y pagar los salarios de tramitación. ¿Usted se imagina para una empresa que acaba de salir de un proceso concursal qué significa abonar 800.000 euros? Y la Xunta ni está ni se la espera. Y dio el visto bueno a ese ERE.

-¿Por qué fallaron en contra? 

-Eso se lo tiene que preguntar a los tribunales y a los sindicatos, pero ya sabe que los jueces se deben a Dios y no le darán mucha más explicación. Ahora estamos atravesando otra etapa complicada por ese pago. Este año, entre pleitos anteriores con trabajadores que no se sintieron respaldados por los sindicatos y el pleito del ERE, que echó abajo el señor Villares, la empresa tendrá que pagar un millón de euros.

-Tiene una opinión dura de los procesos concursales.

-Si los gobernantes ven que el 90 % de las empresas en situación concursal acaban liquidando, tendrían que ser conscientes de que la ley no funciona. Por no hablar de los honorarios de los administradores que son... 

-Salen de la empresa en crisis. 

-Facturan unos honorarios disparatados. Los procesos concursales pueden estar provocados por una coyuntura económica y a veces por los sindicatos. [Pone como ejemplo una nueva carretera que desvía el tráfico del pueblo y en el bar ya no hacen falta tantos camareros...]. ¿Cómo los echa si tienen cada uno 30 años de antigüedad?

-Entonces ¿despido libre?

-No. Pero para eso están los concursos. El despido libre no debe permitirse. Es un poco fuerte. Pero la situación de privilegio que tienen los sindicatos es injusta para el resto de los trabajadores y no es acorde con los tiempos. Ya no digamos un liberado sindical, que puede hacer lo que quiera.

-Lo mejor y lo peor de este grupo.

-Un componente de diseño y cultural muy representativo de Galicia. Lo peor, lo sindicalizado que estaba y que todavía está, en parte. Trabajadores y algunos de los accionistas no son conscientes de que, si las cuentas de resultados no se cuidan, las firmas no perviven.

-¿Los sindicatos deben existir? 

-Tal y como están concebidos, creo que son una rémora del siglo XIX. Debe existir una representación de los trabajadores, pero los sindicatos hoy son un lobby de empleados con plaza en propiedad. Creo en la sociedad del mérito y del esfuerzo. 

-Hay quien defiende que si los sindicatos no existieran habría que inventarlos. 

-Yo me relaciono con pequeños empresarios. No hablo con Florentino Pérez o con grandes empresas. Porque otro de los problemas que hay en España es que los que sientan las normas son los grandes, que no tienen nada que ver con las pequeñas compañías. No niego que hagan falta los sindicatos, y probablemente más en estas firmas que son demasiado grandes para dejarlas caer. Pero me falta por conocer al primer empresario que diga que echa a un trabajador que cumpla. 

-Dice cosas muy impopulares. 

-No me pagan para ser popular. Me pagan para defender esta empresa y sacarla adelante.

-Me decía antes que es ateo.

-Soy ateo, republicano y liberal. ¿También es impopular?

-¿Casado y con hijos?

-Casado y sin hijos.

-¿Qué espera de la vida?

-Morir rápido y con cierta dignidad. Llevo mal el consuelo y la sensación de pena.

-¿Tiene amigos?

-Los justos.

-¿Es peleón?

-Sobradamente.

-Y su mujer ¿qué dice de eso?

-No entiende de negocios, no le gustan. No le gustó cuando me metí en Sargadelos. Lleva mal las polémicas.

-¿Qué ve en ella?

-Comprensión y bondad.

-No sé si me atrevo a preguntarlo. ¿Está enamorado? 

-Nunca estuve enamorado.

-No diga eso. ¿Entonces? 

-La quiero. Mucho. El enamoramiento, como el dinero y los cargos, van y vienen. Nada más.