martes, 26 de diciembre de 2017

Historia de las minas de Villaodrid. (5) El arranque del mineral; el contrato de arranque con Garmendía y Ontañón por Gabriel Ramallal

Resultado de imagen de as minas de villaodrid

Historia de las minas de Villaodrid. (5) El arranque del mineral; el contrato de arranque con Garmendía y Ontañón Por Gabriel Ramallal
Desde abril de 1903 hasta fin de mayo de 1904 la explotación del yacimiento minero la lleva a cabo la SMV; en estos 14 meses todo el arranque es a cielo abierto, proviene casi por entero de la mina Vieiro y no se efectúa calcinación de mineral, por eso los costes de arranque se quedan en 2,30 pesetas en 1903 y 2,50 pesetas por tonelada en los cinco primeros meses de 1904. En la memoria contable correspondiente a 1903 ya aparece por primera vez una referencia a no haber podido contener en el verano la salida del personal (A.1) a la siega en Castilla.
El día 22 de febrero de 1904, ante el notario de Bilbao José Martínez Carande, se firma un contrato de arranque y puesta en vagones del ferrocarril, firmado por el gerente de la SMV, José Ortiz y Muriel y los contratistas Juan Dimas Garmendía y los hermanos Guillermo y Manuel Ontañón. Posteriormente el contrato se modificó y amplió los días 26 de mayo de 1905 y 15 de junio de 1908, ambos ante el notario de Bilbao Francisco de Santiago Marín; el de 1908 contemplaba una prórroga hasta el 31 de diciembre de 1913 y se admitían unos incrementos de 0,25 pesetas por tonelada para los años 1910 y 1911 y de otras 0,25 pesetas por tonelada para 1912 y 1913.
Esquemáticamente, los acuerdos fueron los que aparecen en la tabla 5.1:
  En las cuatro primeras filas aparece el precio por tonelada puesta en los vagones del ferrocarril, tanto para el mineral crudo como para el que había sido calcinado. Las leyes mínimas para cada clase de mineral suponían que, caso de no alcanzarse esa ley, se penalizaría cada punto porcentual y tonelada en la cantidad de 3 peniques. Por último se establecía una puesta en vagón mínima, que a partir de 1905 se cuantificó en 160.000 toneladas al año; cada tonelada de menos implicaba una penalización de 1,50 pesetas por tonelada.
El hecho de pagar las toneladas puestas en vagón en lugar de las arrancadas causa extrañeza ya que si no había ventas, lo que era responsabilidad exclusiva de la SMV, tampoco había carga en vagones puesto que los depósitos de Ribadeo tenían una capacidad de almacenamiento limitada. En los primeros años, cuando no había excesivos problemas con la ley del mineral, esto era admisible ya que toda la producción (A.2) de Villaodrid estaba vendida con casi un año de antelación. Cuando la incorporación del mineral de la Consuelo y la Boulloso, las de peor calidad, empieza a ser importante la ley media del mineral cae significativamente y muchos clientes de la SMV, en particular los que surtían el mercado escocés, reducen de forma relevante sus pedidos. Ello lleva a que las ventas y, en consecuencia, la puesta en vagones descienda, los contratistas facturan menos, reciben menos dinero y además tienen que soportar altas penalizaciones por no alcanzar las toneladas mínimas anuales; buscando ahorros empeoran el proceso de hornada (A.3) y la ley del calcinado se desploma hasta un 41 %; los clientes, encolerizados, amenazan con dejar de comprar a la SMV. En el año 1911 estallan con virulencia las contradicciones que existían en el contrato de arranque; una exigencia de un mínimo de 160.000 toneladas al año puestas en vagón estaba en contradicción con unas ventas exiguas. En 1911 las ventas se reducen a 86.648 toneladas, el 1 de septiembre se rescinde el contrato de arranque con Garmendía y Ontañón y las existencias a 31 de diciembre llegan a unas extraordinarias 48.000 toneladas, en gran parte, ya arrancadas y calcinadas por los contratistas, estaban en Villaodrid pendientes de carga en los vagones.
Además la exigencia de una ley mínima en el calcinado de un 48 % era una utopía en el mineral de Villaodrid. De hecho cuando en septiembre de 1911 la SMV, al hacerse cargo del laboreo de las minas, aumenta la cantidad de carbón y alarga el tiempo de hornada, cada horno produce 35 toneladas diarias, en tanto que antes la producción se acercaba a las 50 toneladas al día. Aun así la ley no volvió a sobrepasar nunca el  46 % de riqueza.  
Creo que si el tonelaje mínimo se hubiera ceñido a unas 140.000 toneladas anuales, que solo se superaron en 1906, 1909, 1910 y 1912 y la ley del calcinado se hubiese limitado a un 45 %, el proceso de calcinación se hubiese realizado de forma adecuada. El mineral de la cuenca del Eo no era bueno.
Un tema interesante es el que trata de los edificios anexos a la explotación minera. Algunos edificios eran de construcción obligatoria para las empresas mineras de cierta entidad, como es el caso del cuartel de la Guardia Civil o de la capilla. La casa cuartel, con capacidad para 10 hombres y un sargento, se construye entre 1906 y 1907 con un coste total de 48.214,90 pesetas y, una vez terminada, se hace entrega de la misma al Ministerio competente. Por otra parte la capilla que construye Ignacio Trofaola con un coste de 7.879 pesetas se inaugura el 31 de enero de 1911, día en que la contabilidad de la SMV anota en un asiento un gasto de 88,75 pesetas como “estipendio al cura de Villaodrid por bendecir la capilla y alquiler de caballerías”.
El hospital se termina en diciembre de 1907 y se cede, mediante inventario, a los contratistas del arranque a finales de enero de 1908. En la correspondencia de la Sociedad hay una carta que da a entender que los accidentes de consideración en la mina debían ser de escasa entidad; en mayo de 1909 el gerente de la SMV, José Ortiz, dirige un escrito a Guillermo Ontañón recriminándole el lamentable estado de limpieza del hospital que debería ser subsanado de forma inmediata y le conmina a que jamás volviese a ser utilizado como salón de baile, como había sucedido recientemente en varias ocasiones. Debemos suponer que no había heridos en las camas del hospital mientras se celebraban los saraos.
En otro orden de cosas, en carta de fecha 11 de marzo de 1908 se lee un comentario alborozado: “por fin ha llegado la luz eléctrica al pueblo”. En el corto espacio de cinco años los habitantes de la comarca habían conocido el tren, el teléfono, el automóvil de Martín Gaytán y los de Puente Nuevo la luz eléctrica en sus casas. Era un asombro cotidiano.

Aclaraciones a la entrega 5 de la Historia de las Minas de Villaodrid (en el texto principal aparecen como A.1, A.2, etc).

Uno. En varios años se vuelven a repetir las quejas por las bajas del personal que partía a Castilla a las labores de la siega. Además, era muy normal que en determinadas épocas se produjesen importantes absentismos para atender a las labores del campo, a las matanzas en diciembre, etc. A este respecto, en los primeros años de explotación, es divertida la queja de un ingeniero que en carta dirigida a las oficinas de Bilbao decía “esta gente no sabe vivir sin labrar la tierra”.
Dos. En carta dirigida a un posible cliente de Saint Nazare, el día 19-11-1906, se le explica que casi toda la producción del año 1907 estaba ya comprometida.

Tres. En esos años la libra ya cotizaba a 28 pesetas, es decir, un chelín valía 1,40 pesetas. Probablemente los contratistas preferían una penalización por ley a una penalización por tonelaje mínimo en vagón. Una menor ley, incluso de 4 puntos porcentuales, equivalía a 12 peniques – un chelín – o sea 1,40 pesetas en tanto que una tonelada menos en vagón suponía 1,50 pesetas.