miércoles, 19 de julio de 2017

Entrevista a José Rivas (A Pontenova), director del Laboratorio de Nanotecnología de Braga


.



Un ordenador de pantalla plana y un teléfono de última generación para grabar la conversación eran los únicos aparatos tecnológicos que ayer acompañaban a José Rivas en su despacho cuando estaba siendo entrevistado con motivo del homenaje que le dedicó el Club Español de Magnetismo del que fue presidente. Hace tan solo unos años, el ordenador ocuparía media mesa y la grabadora tendría una cinta. Y todo ello se debe a las aplicaciones técnicas de la nanotecnología, especialidad que entusiasma a este doctor en Física por la Universidad de Valladolid que realizó buena parte de su carrera fuera de España pero que en cuanto obtuvo una plaza de catedrático en la Universidade de Santiago, volvió, porque «como todos los gallegos quería volver». De hecho, de su tierra natal de A Pontenova, en A Mariña, se fue con 6 años, «pero sigo teniendo casa y paso allí todos los veranos».
Con motivo de la reunión bienal que la Real Sociedad Española de Física realiza en Santiago, con la presencia de 400 especialistas, el Club Español de Magnetismo rindió ayer un homenaje al profesor de A Mariña, que el próximo mes se jubila, aunque ya solicitó su continuidad como emérito porque «jubilarse es como si a un artista le dicen que no puede pintar más cuadros. A mí me apasiona mi trabajo, y además estoy metido en cinco o seis proyectos que tengo que terminar. Acaba mi etapa docente, pero no la investigación».

Resumir su currículo es tarea harto difícil. Todo empezó cuando, tras hacer la selectividad y aconsejado por sus profesores, rechazó su objetivo de estudiar Matemáticas o Ingeniería y se decantó por la Física, «ya que empecé a hacer cosas en el laboratorio y siempre me gustó experimentar». Como no había la especialidad en Santiago, se licenció en Valladolid, «donde dejé parte de mi corazón», y luego se fue a Stuttgart (Alemania) para aprender de los mejores investigadores del instituto Max Planck, «un centro puntero en materiales magnéticos». Fue un precursor, porque entonces eran pocos los que estudiaban fuera de España, donde la Física todavía estaba en pañales. «Pensaban que les hablabas de Educación Física», dice con humor.

En Alemania nació su pasión por el electromagnetismo, especialidad con la que alcanzó la cátedra en el año 1982, cuando volvió a Galicia para crear un grupo de trabajo que organizó, en los años 1983 y 1986, dos congresos internacionales que reunieron a expertos en magnetismo y en nanotecnología, y ahí encontró el investigador su segunda pasión, el estudio de esas microscópicas partículas que forman parte de nuestra vida diaria sin que muchos lo sepan. «Así es, está en los tejidos de nuestra ropa, en la cosmética, en la medicina, en los uniformes de camuflaje del Ejército y hasta la raqueta de Nadal está hecha con un material nanoestructurado para que sea más ligera y más resistente. Aunque si no tuviese esa raqueta, Nadal habría ganado igual, por supuesto». Con todo, queda mucho por descubrir en ese campo: «Es como un gran iceberg y estamos viéndole la punta».
Esa ciencia de lo minúsculo le abrió puertas muy grandes. En el año 2005, los presidentes de Gobierno español y luso le encargaron la puesta en marcha del laboratorio de nanotecnología que se estaba creando en Braga. Fundó, junto con López Quintela, Nanogap, empresa puntera y que ya es un referente en su campo; fue decano de la Facultade de Física, ingresó en la Real Academia Galega de Ciencias, obtuvo un premio nacional de innovación... Todo es o y mucho más.
Hoy, superada la emoción del homenaje, a trabajar Dice que llega la cuarta revolución industrial, la de la biotecnología, y él quiere estar ahí.
José Rivas. Licenciado en Física, catedrático de Electromagnetismo, fundador de Nanogap, director del Laboratorio de Nanotecnología de Braga y miembro de la RAGC.
Club Español de Magnetismo. Entidad que presidió y que ayer le rindió homenaje.