miércoles, 30 de noviembre de 2016

La muerte de Fidel Castro provoca expectativas encontradas en A Mariña

Fuente: Las Voz de Galicia (Referencia a A Pontenova hacia el final del artículo)

La muerte de Castro abre nuevas expectativas sobre el porvenir de Cuba. El futuro ya no será lo que era. Y, por mucho que las autoridades se empeñen en volver la espalda al mar para no verlo, el oleaje sigue estando ahí, en las ansias e ilusiones del pueblo cubano. En A Mariña, como en la isla, las esperanzas son encontradas.

De un lado, los sectores que defienden el legado y la línea ideológica de Castro. Y, de otro, sus detractores.
Unos y otros hunden sus raíces en la historia de Cuba a partir de 1959, cuando los barbudos de la sierra llegaron al poder.
Pero con Fidel también estuvieron Óscar Fernández Mel, nacido en Bretoña (A Pastoriza) pero criado en Mondoñedo, que fue alcalde de La Habana, varias veces ministro y amigo íntimo del Che. O la mindoniense, Josefa Yáñez, de Santa María Maior. O los hermanos Trigo, de Viveiro-Ourol, héroes del asalto al cuartel de la Moncada.
Enfrente se situaron otros emigrantes de A Mariña, perjudicados por las incautaciones de sus propiedades que hizo Castro.
En 1959, uno de los hombres más ricos de Cuba era el viveirense Antonio Rodríguez Vázquez, empresario, ex presidente del Centro Gallego y propietario del imponente edificio donde se radica el famoso Teatro América.
Todo le fue incautado y sus herederos huyeron a Miami en yate. Hoy, ellos _como cerca de un ciento de mariñanos_ tienen en proceso de reclamación judicial su patrimonio incautado a través de la Sociedad de Reclamaciones Patrimoniales 1898 de Barcelona.

«Déjese de milongas, vino porque tiene medios y libertad»

El camino del futuro de Cuba no será de rosas. De un lado por las presiones de los sectores interesados en mantener el status quo y los privilegios. Y de otro, por la visceralidad y el fanatismo de la oposición radicada en Miami.
Una oposición en la que desempeñaron un papel de liderazgo dos mariñanos: Roberto Fernández Miranda, hermano de la mujer de Batista, y los descendientes de Lorenzo Soto, el mindoniense alcalde de Bayamo.
En medio de un mar tan tormentoso está el pueblo cubano. Un pueblo que deberá reciclarse, acostumbrado como está a ser, en su inmensa mayoría, empleado público, sin objetivos, sin ilusión y sin ansias.
A su favor juega una aceptable formación _alta si se compara con países similares_ pero muy deficiente en medios, competitividad y contraste.
El país presenta grandes oportunidades en sectores como el turismo, la agroalimentación, la pesca o los servicios. Pero no será fácil su adaptación al ritmo de la sociedad actual y occidental.
En Viñales _cerca de Pinar del Río_ el propietario de una casa de huéspedes preguntó a este cronista cuáles eran sus motivaciones para visitar Cuba. Respondí que el común pasado cultural, la presencia de gallegos, etcétera.
Pero el cubano, muy seguro de lo que decía, me cortó: «Déjese de milongas, usted vino porque tiene medios y libertad». Medios y libertad, ahí está la clave del futuro de Cuba.

Una comarca decisiva en el pasado, el presente y el futuro de Cuba

Sea como sea el futuro de Cuba, todo parece indicar que, en él, tendrán mucho que decir los descendientes de emigrantes de A Mariña, como ya lo dijeron en el pasado o lo dicen en el presente de la isla.
En la Independencia misma del país, tuvieron notable influencia dos ribadenses: el general Francisco Villamil, héroe con estatuas en varias localidades de Cuba, o Félix de los Ríos, amigo de José Martí, y autor del libro Memorias de un gallego mambí.
En el pasado remoto de Cuba, son de sobra conocidos personajes como los empresarios Pedro Murias o Pedro Moreda (A Devesa), Antonio Villamil (A Pontenova), Pedro Lorigados (Mondoñedo), los hermanos Rocha (San Miguel de Reinante), Juan R. Álvarez, Manuel Pico Cordido o Joaquín Díaz Villar (O Valadouro) o los hermanos Casabella (Viveiro-Ourol), entre tantos otros.
O gentes de la cultura como Juan José y Rita Geada (O Valadouro), Juan Ramón Somoza (Barreiros), Manuel Rodríguez (Ribadeo), Villar Ponte (Viveiro) o Agustín Rodríguez (O Vicedo), por citar solo unos pocos.
Pero en la propia sociedad cubana quedan huellas de A Mariña por todas partes. Desde las casas y edificios de ricos indianos en La Habana, Cienfuegos, Matanzas, Pinar del Río o Santiago de Cuba, hasta la mayor iglesia-catedral de Cuba, construida por el Padre Mondoñedo, pasando por las Cuevas de Bellamar que descubrió y explotó, hasta su muerte, el viveirense Manuel Santos Parga en Matanzas.
En el pasado más próximo, la influencia mayor mariñana en Cuba fue la de Marta Fernández Miranda, segunda esposa del dictador Fulgencio Batista, Hija Adoptiva de Ribadeo, que casó a todos sus hermanos con ministros y personalidades influyentes en la sociedad cubana.
En el presente y el futuro de Cuba, todo parece indicar que dos hijos de emigrantes de A Mariña tendrán un relevante _cuando menos decisivo_ papel.
Uno de ellos es Bruno Rodríguez, hijo de Carlos Rafael, actual ministro de Asuntos Exteriores, y el otro, Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdez, hijo de emigrantes de Castropol (Asturias) y actual vicepresidente del Gobierno y del Consejo de Estado de Cuba. Díaz-Canel _que empezó como alcalde y recorrió todas las escaleras del castrismo_ está llamado a pilotar la transición del régimen hacia una democracia.
Todos los concellos mariñanos tuvieron en Cuba cargos relevantes del mundo empresarial y cultural.