lunes, 23 de mayo de 2016

A Mariña occidental y central tienen el mayor número de inmigrantes

Actuación del grupo caboverdiano de mujeres Batuko Tabanka. ANDREA VAL
Fuente: El Progreso
La mejoría de la situación personal, familiar y económica atrae a un número importante de personas de otros países hasta los municipios mariñanos. A Mariña occidental y central son los destinos donde se asientan la mayoría de los inmigrantes. Esas dos áreas mariñanas son en términos relativos las que mayor cantidad de trabajadores extranjeros tienen. El porcentaje en la zona occidental alcanza el 6,14% -es el mayor de Galicia-, mientras que en la central se sitúa en el 5,68% -el cuarto tras Viana y Valdeorras-.

El número de afiliados por sectores recoge también datos relevantes. En la construcción destacan el 12,9% de ocupados en A Pontenova o el 11,9% de O Valadouro. La actividad en servicios es mayor en Ribadeo, que suma el 73,7%, seguida de Foz, con el 67,·% y
Viveiro, 65%, y superadas por la capital, con 83,9%. La industria tiene más peso en Cervo, 24,2%; seguida de Xove, con el 20,3%. Este último también cuenta con un 16,10% de ocupados en agricultura y pesca frente al 11,90% de Burela, al 20,20% de O Vicedo, el 23,0% de Ourol y el 39% de Trabada.

En la comarca, la zona central tiene el mayor número de extranjeros afiliados a la Seguridad Social en alta laboral, con 625 personas. Encabezan el ránking los 380 de Burela, seguidos de los 167 de Lourenzá. La ocupación en el área occidental suma 488, entre ellos destacan los 349 de Viveiro, seguido de Xove, con 72. En el área oriental contabilizan 212, de los que 142 están registrados en Ribadeo.

La ocupación entre la población nacional es igualmente más elevada en las zonas central (9.551) y occidental (8.102), seguida a mucha distancia de la oriental (4.989). Los principales núcleos de población concentran a los afiliados. Viveiro está al frente con 4.751 trabajadores. Le siguen Foz (3.149), Burela (3.142), Ribadeo (2.816), Cervo (1.494), Mondoñedo (1.244) y Xove (1.125).

En busca de un futuro próspero llegó hace una década a Viveiro Denice Fernández De la Cruz, quien asegura que al principio "no te cuentan la letra pequeña, pero no me quejo", subraya esta dominicana que llegó con contrato de trabajo, aunque reconoce que la situación cambió mucho desde entonces, "pero pienso que el que quiere trabajar lo hace. Nunca he estado sin trabajar".

El suyo es un ejemplo del contingente de dominicanos que llegó a Viveiro para ayudar a sostener la hostelería en un momento en que los trabajadores locales no querían trabajar en el sector o se marchaban fuera en busca de mejores salarios y oportunidades. Algo parecido ocurrió en la pesca, donde los tripulantes indonesios, caboverdianos y peruanos cumplieron la misma función ante la falta de relevo en la zona. En la actualidad la población de origen rumano está al alza y gana representación, sobre todo en el sector forestal, donde también trabajan algunas personas de nacionalidad portuguesa, y crece en el ámbito de los servicios.

El rumano Adrián Florin atravesó unos inicios complicados, porque al poco de empezar a trabajar la Policía decretó su expulsión del país, dándole 15 días para marchar a Rumanía. Él optó por quedarse y pasó de Albacete a Cuenca. Hoy reconoce que trabajó sin papeles hasta 2007. En Viveiro lleva siete años, tras trabajar durante tres años en Covas regresó a Rumanía pero antes trabajó en el campo en la recolección de aceituna y naranja en Valencia, y en la construcción en Zaragoza. Trabajó en lo que encontró y cree que ahora es difícil hallar empleo, "pero alguno no quiere ganar menos, porque con la crisis bajaron los sueldos, y prefieren estar en paro o cobrar alguna ayuda que trabajar", indica.

En términos relativos, la zona occidental concentra la cifra más elevada de extranjeros de Galicia, con el 6,14%
El idioma no fue un problema para Adrián, ya que "entiendes lo que te dicen, pero al principio no puedes contestar". Aprender español resulta fácil para las personas de nacionalidad rumana.

La comunidad caboverdiana es la más numerosa de los inmigrantes en Burela y ya van por la tercera generación, con lo que la integración es más que evidente, Un buen ejemplo es Santinha Gómez Perera, que dejó atrás su país para lograr un futuro mejor para sus hijos, dos de los cuales nacieron ya en Burela.

Las dificultades primeras le llegaron por el idioma, una barrera que ya ha superado tras 25 años en Burela, donde sus hijos han crecido integrados, han podido estudiar y las dos chicas han cursado carreras universitarias. "Son buenos chicos", dice sonriendo, consciente de la difícil decisión que tomó un día de dejar su país y su familia fue buena para el futuro de sus vástagos.

En julio hará un año de su última visita a Cabo Verde, comenta, mientras se prepara para vivir en unos días las fiestas patronales, todo un acontecimiento en la localidad en las que participan como lo que son, unos vecinos más.

Santinha trabaja en la limpieza que, junto con la hostelería, es el sector donde se emplean mayoritariamente las mujeres caboverdianas, mientras que ellos trabajan en la pesca y, sobre todo en el caso de los más jóvenes, en la hostelería.

PESCA. La pesca es también una de las salidas profesionales para los emigrantes peruanos y en Burela son bastantes los que están empleados en este sector, aunque menos de los que había hace años y algunos han optado por volver a su país ante la falta de oportunidades. El que ha hecho el camino inverso es Dimas Tomás Aparicio Jiménez, que acaba de aterrizar en Burela tras un tiempo en su país actualizando su titulación de maquinista para poder enrolarse con esa categoría, lo que le supondría una mejora en sus condiciones laborales. "Ahora puedo trabajar como segundo y como mecánico", afirma.

Dimas es un experto marino que suele faenar en embarcaciones del pincho que trabajan en Irlanda, Francia y Escocia, aunque ya antes estuvo en Uruguay y Brasil. En 2006 decidió venir a España y ahora además de convalidar su titulación está pendiente de obtener la nacionalidad española, lo que le facultaría para poder trabajar en otros barcos de la Unión Europea.

En Burela se encuentra arropado por sus compatriotas, de los que recibe el calor que le falta de su familia, su mujer y su hijo de cuatro años, que están en Perú. "Es duro estar sin ellos, por supuesto", afirma, mientras alaba el "buen ambiente" que se vive en el municipio burelés, donde existen dos asociaciones peruanas.

Es curioso el caso de Vegadeo donde durante la última década el primer colectivo de extranjeros en importancia es el de los provenientes de Paraguay. La presidenta de la asociación de paraguayos, Rossana Portillo, asegura que se sienten muy "acogidos y adaptados en la zona". Hace un mes que volvió de su país natal, adonde no había regresado en doce años.
¿Está integrado en el municipio mariñano que le acogió?
Denise Fernández (Rep. Dominicana): "La gente nos acogió bien, pero ya veníamos dispuestos"
Esta camarera, que llegó a Viveiro hace casi una década, asegura que no le resultó difícil integrarse y que "la gente nos acogió bien. El idioma nos ayudó, pero ya veníamos dispuestos a integrarnos" y además con contrato de trabajo. En Viveiro reagrupó a su familia e incrementó la descendencia. Sus hijos se adaptan bien en el colegio. Ella, por su parte, se relaciona con todo el mundo e hizo muchos amigos en el municipio. Hoy asegura que "en Viveiro tengo estabilidad y de aquí no me muevo". 



Adrián Florín Svarcea (Rumanía): "Soy muy raro y no salgo, porque por uno pagan todos"

Este cocinero, de origen rumano, que lleva 15 años en España, se vino solo a buscar trabajo y en la actualidad se encuentra integrado, aunque reconoce que "soy muy raro, no salgo, soy muy casero, porque por uno pagan todos". Adrián explica que "hablo con todas las personas que vienen al local o que me encuentro por la calle". Sus inicios fueron azarosos, porque tras venir a pasar unas vacaciones con unos amigos, empezó a trabajar y la Policía le dictó orden de expulsión.



Santinha Gómez Perera (Cabo Verde): "Dejar tu país es duro, pero mis hijos han podido estudiar"

Esta mujer caboverdiana de 53 años de edad lleva 25 en Burela, localidad en la que crió a sus cuatro hijos, dos varones que tienen ahora 32 y 22 años y dos chicas, de 26 y 23. Estas últimas son estudiantes universitarias, la pequeña, Marly, está haciendo Químicas en Salamanca, mientras que su hermana Josefa está en la actualidad trabajando para ahorrar y cursar el máster de Criminología. Claudio, el primogénito, es camarero y Miguel estudia un ciclo formativo de deportes en el instituto. 



Hermelinda Vargas (Perú): "Formamos la primera asociación y somos 33 socios"

Aspebu 28 de julio, la asociación de peruanos en Burela que lleva el nombre de la fiesta nacional del país andino, es una de dos entidades radicadas en Burela. Su presidenta es Hermelinda Vargas, que llegó hace 12 años siguiendo los pasos de su marido, que vino a trabajar en la pesca. La entidad, con 33 socios, organiza fiestas propias -el día de la madre, el padre y la independencia- pero también participan en las del resto de las comunidades. "La integración es buena", asegura. 



Rossana Portillo (Paraguay): "A Paraguay no compensa volver porque hay una sanidad precaria"

Rossana Portillo vino desde Asunción, Paraguay, hace más de una década. A sus 40 años, esta madre de tres hijos, se ha traído consigo a toda su familia, también a sus padres. Opina que a su país de origen "no compensa volver por la deficiente sanidad que hay", además de otras carencias como en seguridad vial: "Hay tan poca costumbre de conducir que no se detienen en los pasos de cebra". Su primer destino fue Málaga, pero acabó en Vegadeo, donde cuida de una persona mayor.