lunes, 4 de abril de 2016

Tres mariñanos presidentes del Centro Gallego de La Habana haciendo historia

Fuente: La Voz de Galicia
Muchos turistas gallegos, con antepasados en Cuba, se emocionan al llegar a La Habana y contemplar el imponente y majestuoso Centro Gallego. Todo el pasado les vuelve como una ola y sienten como propios los versos de Miguel Hernández: No lo levantó la nada/ ni el dinero, ni el señor/sino la tierra callada/ el trabajo y el sudor/.
Porque lo que levantó ese símbolo del galleguismo en el mundo y ese referente de la vida, del urbanismo y de la sociedad actual de La Habana, fue el denodado esfuerzo de miles y miles de emigrantes gallegos, muchos de ellos de A Mariña.
Y fue en él _ahora llamado Gran Teatro Nacional Alicia Alonso, por mor de la confiscación que el régimen de Fidel Castro hizo de esta propiedad de los gallegos en 1962_ donde el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, pronunció el pasado martes santo el histórico discurso que supuso el reencuentro, 50 años después, entre los capitalistas Estados Unidos y la Cuba comunista revolucionaria de Fidel.
Ese poderoso Centro Gallego de Cuba fue el responsable _entre otras muchas cosas_ de la creación de los tres símbolos claves de la Galicia actual: el Himno, interpretado por primera vez en sus salones el 20 de diciembre de 1907; la bandera gallega; y la primera institución propia y moderna de nuestro actual sistema, la Real Academia Galega.
Desde su misma constitución en 1879, la presencia de A Mariña en el Centro fue muy destacada a través de personajes como el devesano Pedro Murias o Andrés Canoura Palmeiro, de O Valadouro. A lo largo de su historia, tres mariñanos tuvieron la honra de presidirlo: Antonio Villamil Colmenares, de Vilameá (actual A Pontenova), de 1915 a 1917,
tal vez la época de su mayor esplendor; Narciso Mª Rodríguez Lanza, de Barreiros, en los periodos 1928-1930 y 1951-1955; y el viveirense Antonio Rodríguez Vázquez, en 1936.
De Mondoñedo y Ribadeo
Otros emigrantes de A Mariña ocuparon tambien relevantes cargos. Juan Ramón Alvarez, de Recaré (O Valadouro) fue vocal, vicepresidente en 1917 y secretario de la entidad en 1912.
En este último cargo había sucedido al abogado Pascual Aenlle y Aguiar, oriundo de Trabada y muy vinculado a las sociedades de emigrantes de Lourenzá y Mondoñedo.
Y algunos otros mariñanos formaron también parte de distintas directivas y gobiernos del Centro Gallego en sus diversas etapas. Fue el caso del riotortense Antonio Bouso Alonso, del viveirense Agustín Fernández Baltar, del emigrante de A Pontenova José María Villalonga López o del ourolense José Riguera Baamonde.
Como apoderados de la sociedad, figuraron, entre otros, Pedro Lorigados Rubiños, de Mondoñedo, Urcelino Rodríguez Debén, de A Devesa, y Alvaro Rodríguez Salvatierras, de Ribadeo. A Mariña, como se ve, muy presente en la historia del Centro.

Murias fue mecenas y Andrés Canoura, socio fundador

El Centro Gallego se alza en el corazón de La Habana, al lado del Capitolio. Su monumentalidad y exuberancia demuestran la fuerza que la colonia gallega tuvo en Cuba. El edificio, de estilo neobarroco, es obra del arquitecto belga Paul Belau. En su fachada, cuatro esculturas de mármol blanco representan la beneficiencia, la educación, la música y el teatro.
El origen del Centro se sitúa en 1872 cuando treinta emigrantes crean con 500 socios la Sociedad de Beneficiencia de Naturales de Galicia. Con esa base, en 1879 se constituye el Centro Gallego como casa común de todos ellos que, al año siguiente, elige su primera directiva presidida por Nicolás Villageliú y con el valadourense Andrés Canoura de vocal.
La entidad compró por 525.000 pesos el Teatro Tacón, construido en 1834 por el Gobernador Miguel Tacón. En ese proceso inicial resultó clave Pedro Murias, tesorero de Naturales de Galicia desde 1883 y la persona más influyente en la toma de decisiones. Él fue artífice y generoso donante en la compra del citado teatro para derribarlo y convertirlo en la sede de un Centro que no llegó a ver rematado pues falleció en 1906, un año antes de comenzar las obras.
El palacio, construido por la firma estadounidense Purdy and Hendersen, costó 1,8 millones de pesos. Tenía un teatro, dos salones de baile, un casino, salones de juegos, oficinas, caja de ahorros, tesorería, restaurantes y cafés.
Se inauguró en 1914 y en 1962 la dictadura de Castro confiscó esa propiedad de la emigración gallega que contaba entonces con 52.000 socios. Se apropió de un enorme patrimonio que _cara a la galería_ pasó a engrosar la lista de de la revolución.
Pero Obama _que se dirigió a los cubanos desde el ahora llamado Gran Teatro Nacional_ el propio Fidel _hijo de un emigrante de Láncara (Lugo)_ y los gallegos saben bien que esa joya arquitectónica de La Habana es el fruto del esfuerzo, las lágrimas y la generosidad de un puñado de emigrantes gallegos. Y esa gloria no se la quitará nadie.

El viveirense Rodríguez Carballés dirigió la rondalla y la Academia de Música

Desde el inicio, el Centro Gallego desarrolló una ingente labor cultural, mutual y de país. Ya en 1884 mantenía la Sociedad de Salvamento de Naúfragos, ayudaba a escritores y a familias perjudicadas por los temporales.
En 1889 creó una escuela para 895 alumnos y en 1894 el hospital La Benéfica que, en 1950, contaba con 13 pabellones y atendía 650 enfermos al día. En 1906, se fundó la Caja de Ahorros que, ocho años después, tenía 3 millones de pesos oro en fondos.
Por esas fechas, mantenía el Plantel Concepción Arenal, con clases diurnas y nocturnas de primaria, corte y costura, comercio, taquigrafía, inglés etc., una Academia de Bellas Artes _donde estudió Laxeiro_ y una Academia de Música con rango de Conservatorio.
El director de ésta fue Francisco Rodríguez Carballés, nacido en Celeiro (Viveiro) en 1832, hijo de Francisco López y Vicenta Carballés y hermano de Bonifacio y Benigno. Emigró joven a Cuba y se dedicó a la enseñanza de instrumentos de cuerda en Manzanillo y La Habana donde fue director de la Rondalla del Centro. Carballés cosechó grandes éxitos y formó a muchos alumnos. Como compositor, sólo se le conoce una obra, un Popurrí de aires gallegos que, al cabo, fue su señal de identidad musical.
El Centro Gallego llegó a tener 51 delegaciones en la isla, 64.000 socios y más presupuesto que el gobierno habanero. No resulta extraño, pues, que la primera visita que realizó Tomás Estrada Palma, el primer presidente de la Cuba independiente, el dia de su toma de posesión en 1902, fuera precisamente a ese orgullo de la galleguidad. Y no a ninguna delegación extranjera?