miércoles, 9 de marzo de 2016

Lugo y el tren, una pasión que se apagó

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Lugo amaba el tren. Soñaba con locomotoras que cruzarían la provincia, trazaba planes de futuro y dibujaba horizontes de prosperidad... Pero el ferrocarril se mostró huidizo o displicente, se hizo de rogar, y la pasión y el interés se enfriaron, no se sabe si para siempre. La estación de tren de Lugo es hoy, durante buena parte del día, la antítesis del ir y venir de viajeros y de convoyes que se suponen consustanciales al tráfico ferroviario. Sin embargo, las reiteradas demandas y los argumentos con los que distintas zonas de la provincia, hace casi cien años, reclamaban un tren -que sería parte del Ferrocarril Central Gallego, con salida en Marín y con llegada en Ribadeo pasando por la ciudad amurallada- se leen con interés, y están más apoyadas en la promoción de intereses locales que en eslóganes y gestos que hoy parecen más bien pensados para la galería.

Un pionero madrugador. Solo 15 años, los que van de 1848 a 1863, separan la apertura de la primera línea férrea de España, Barcelona-Mataró, del primer proyecto de tren Lugo-Ribadeo. Saldría de Monforte, y de la capital de la provincia a la desembocadura del Eo recorrería 105 kilómetros. Un viaducto en Cruz da Cancela, lugar de Mondoñedo limítrofe con Riotorto y muy cercano a A Pastoriza, sería una de las obras más destacadas del proyecto. Su autor fue el ribadense Segundo Moreno Torres, y su ejemplo pronto tendría continuadores.
las disputas
Por Vilalba y Mondoñedo o por Meira, un dilema apasionado. Un proyecto posterior a ese primero -el autor de este reportaje no puede precisar la fecha- dibuja un trazado de Lugo a Ribadeo por Meira con un ramal a Mondoñedo que saldría aproximadamente a la altura del actual municipio de A Pontenova. Puede verse como una solución ecléctica, ya que sobre
todo en los inicios del siglo XX el recorrido del tren generó apasionadas disputas, con intervención de alcaldes, asociaciones, personalidades y medios de comunicación. Llevar la línea por Vilalba y Mondoñedo o por Meira era condición indispensable para el progreso de las diferentes zonas.
¿por qué por vilalba?
Porque el rendimiento estaba asegurado. Una memoria elaborada en Mondoñedo en 1925 y enviada al Consejo Superior de Ferrocarriles recoge que el trazado por Vilalba y Mondoñedo, con ramal de la capital chairega a Viveiro, daría a la empresa gestora, o al Estado y a la empresa que lo gestionase, un rendimiento que compensaría el capital empleado. Por un lado, se cita la riqueza agrícola y ganadera de la zona, con mención incluso de los yacimientos de lignito de As Pontes; además se mencionan los variados servicios públicos. Por otro, los ayuntamientos por los que pasase la línea se comprometían a ceder terreno para la vía, las estaciones y los apeaderos. Los miembros de la Comisión pro Ferrocarril -constituida ese año, con participación de los alcaldes de Mondoñedo, Viveiro, Vilalba, Abadín, Alfoz, Barreiros, Cervo, Cospeito, Foz, Xermade, Xove, Lourenzá, Muras, Ourol, Outeiro de Rei, O Valadouro y As Pontes- sostienen que el tren Marín-Ribadeo por Lugo es una «urgente necesidad» que «no precisa demostración alguna, pudiendo calificarse de verdad axiomática».
¿POR QUÉ POR MEIRA?
Porque Mondoñedo está en un pozo, porque hay riqueza agropecuaria y porque se impulsa el turismo. El interés por el tren viajó en barco a América. Siete sociedades formadas Cuba por emigrantes -pertenecientes a los actuales municipios de Riotorto, A Pontenova, A Pastoriza, Meira, Baleira, Pol y Castroverde- proponen en 1928 un tren por Meira y envían el documento a la Cámara de Comercio de Lugo. Mondoñedo está «en un pozo», lo que encarece el trazado para salvar las «enormes montañas» que lo rodean. La zona tiene riqueza agrícola y ganadera, además de las minas de hierro de Vilaodriz -entonces municipio, hoy integrado en A Pontenova-, conectadas por tren con Ribadeo desde principios de siglo. Además ese tren potenciaría el turismo en una provincia «de hermosa historia» como Lugo y divulgaría el «hermoso» monumento de la Muralla, el antiguo monasterio de Meira y el «grandioso panorama» de la ría ribadense. Los emigrantes no solo anhelan el tren, sino que tienen «la esperanza de volver a ver» su tierra de origen.