viernes, 11 de marzo de 2016

40 años para tener el título - Concentrac. Parcelaria A Pontenova

Local social de Vilarxubín. AMA
Fuente: El Progreso
PARECE UN día de fiesta en Vilarxubín. Hay nueve o diez coches aparcados en un espacio en el que claramente no caben. También hay gente que llega en taxi. Pero no es fiesta. O no oficial. Porque algo de festivo tiene el hecho de que ayer finalizase oficialmente el proceso de concentración parcelaria de la parroquia de Bogo con la entrega de los títulos a los propietarios. Fueron, en números redondos, cuarenta años de tramitación.
Un poco como le sucede al entorno en el que se asienta, ese lugar al que el fotógrafo Vicente Ansola bautizó como ‘O pobo das néboas’, los inicios de la concentración parcelaria parecen perderse en el tiempo.
Venancio recuerda que «cando volvín eu para aquí, no 79, xa estaban empezando coa
concentración». Y aunque esa línea temporal parece ser mayoritariamente compartida por sus convecinos, hay quien dice que no, como una que recuerda cómo su padre volvió de Suiza en los años 60 «e xa daquela empezou a firmar papeis para a concentración».
Sea como sea, la realidad es que ayer finalizó el proceso en una larga mañana de firma de papeleo entre la lluvia intermitente y los coches que debían parar camino del local social de Vilarxubín para dejarse pasar mutuamente en una carretera de la Diputación insuficiente para ese inesperado trajín.
En realidad las parcelas ya fueron entregadas a los vecinos hace un tiempo pero todos lo dejan claro: «Hai que ter os títulos, porque senón é como se non tiveras nada», apunta Manolo Alonso, que además de concejal del gobierno municipal del PSOE acudió también a por la documentación que le correspondía. No fue el único edil que pasó por allí. También en el PP quisieron estar presentes con su edil Amador Villapol en un acto de gran carga simbólica.
ESPARCIDOS. Hasta allí se acercó gente que ahora vive en Ribadeo o que trabaja en San Cibrao. Ya van quedando pocos y Gumersindo es uno de los que no tiene claro que todo sean beneficios. Se pregunta: «Que pasaría se aquí quedásemos 25 familias de agricultores traballando como había hai tempo?», y se contesta indicando que «sería un problema».
El proceso de esta parcelaria afectó a 365 vecinos y vecinas y a 2.088 hectáreas en las que había 9.784 parcelas que quedaron reducidas a 1.245. Ahora cada una de ellas tiene 16.711 metros cuadrados de media por los 2.114 de antes. Cada vecino tiene ahora 3,41 parcelas por las 27,95 anteriores. El retraso contribuyó a que Medio Rural tuviese que gastarse 3,2 millones de euros en esta parcelaria.
PROTECCIONES. Esta zona es un espacio muy singular. Manuel Alonso y Gumersindo recuerdan que la parcelaria comenzó con mucho brío «pero deseguida se parou polo tema das fragas. Eso parouna moitísimo porque hai moitas zonas protexidas». Venancio dice que su mujer «ten 45.000 metros e non lles podemos tocar, pero a Contribución pagámola igual».
Gumersindo explica: «Esta é unha zona moi boa para os castiñeiros, pero tamén é triste que en moitos sitios case non se lle pode tocar a nada. Houbo quen comprou monte por tres millóns de pesetas e quedáronlle alí porque non lles puido tocar. Podes estar morrendo de fame e non poder coller un pau para botarlle ó lume».
Él mismo dice que su parroquia es tan particular «que moitos sitios non valen para nada porque son moi costos e aí as máquinas non poden traballar, así que non che valen para nada porque non se pode sacar a madeira ou é moi cara e non cha queren».
Tampoco parecen estar los vecinos totalmente conformes con el diseño de las pistas de la concentración. Fueron nada menos que 64 los kilómetros de ellas.
A dos kilómetros, la ferrería de Bogo espera un nuevo futuro que los vecinos no ven claro. Tampoco el suyo propio: «Non hai quen traballe as leiras».