jueves, 4 de febrero de 2016

Manos arriba por Pablo Villapol

Fuente: El Progreso
ENTRE LOS dueños de los bares de cada pueblo de A Mariña comienza a extenderse cierto tinte corporativo que se ejemplifica en una frase cada vez más repetida: «¿Sabes a quién le entraron por la noche?» Se pasan la bola entre ellos no como un estigma, sino con un poso de resignación que emana de una completa indefensión. Es la que sienten en carne viva y que, en cierto modo, les hace estar profundamente convencidos de que, al fin y al cabo, solo están pasando lista y en un momento u otro les tocará a ellos. Desde Viveiro a Ribadeo no hay quien se libre.
No hacen lo mismo porque forman un cuerpo profesional más difuso, pero algo parecido podrían hacer los dueños de naves de polígonos industriales o simplemente los dueños de casas.
Hace dos semanas llegamos a publicar un robo en una zona de A Pontenova en la que ciertamente es complicado reparar. No van a
coger nunca a quien lo hizo, pero de pillarles, su señoría debería hacer una pregunta por encima de cualquier otra: «¿Cómo fueron a parar ahí?».
En realidad ésa es ‘la’ pregunta: cómo van a dar con los lugares que roban.
Casas aisladas o centros sociales en Foz, bares en Ribadeo o Viveiro, más casas aisladas en otros municipios, y así sucesivamente hasta salir prácticamente a un robo al día. Este ir y venir incesante, esta proliferación tan deslumbrante deja en el aire esa pregunta: ¿Cómo localizan los sitios en los que luego roban?
El tema de los bares no exige, en la mayoría de los casos aunque no en todos, una gran planificación, simplemente una noche tranquila en la que la Guardia Civil tenga mejores cosas que le hagan perder el don de la ubicuidad.
Sin embargo, resulta para los mariñanos algo ciertamente inquietante preguntarse por los robos en viviendas, últimamente vacías o en obras, o hasta alpendres. Es decir, la situación actual implica como mínimo un cierto grado de planificación. ¿Eligen casas al azar? No lo parece.
La Policía Judicial, que es realmente la encargada de estas investigaciones, no da muchas pistas al respecto de qué piensan ellos sobre el tema, y es lógico que así sea porque sería dar pistas.
De modo que hay que acogerse a lo que tenemos: el subdelegado del Gobierno. Tanto este como los que le precedieron en el cargo siempre se tomaron este asunto de los robos continuos en la comarca, al menos de cara al público, con una pasmosa tranquilidad. El actual al menos admite que los robos generan alarma basándose en la idea, bastante lógica, de que a la gente le asusta que le entren a robar en su casa. Sí, suele pasar. Hay que valorarlo en lo que se merece porque alguno de sus predecesores se llegó a plantar en una junta local de seguridad en Ribadeo armado con una serie de estadísticas que ratificaban que en Ribadeo en particular y en la comarca en general no había ningún tipo de problema. Un auténtico insulto a la inteligencia. ¿Cuál era el truco? El hombre metía en el mismo saco a toda la provincia, hacía una media en la que pesaban lo mismo los robos en Negueira de Muñiz que en Ribadeo y la media, efectivamente, era de las más bajas de España. Esto proporcionaba gran paz de espíritu a ese subdelegado del Gobierno, pero muy poca a los mariñanos que sabemos de sobra que eso, dicho llanamente, es una tomadura de pelo. Junto a él estaban varios altos cargos de la Guardia Civil que también suscribían su tesis, lo cual empeoraba la situación: si realmente lo creían, estaban en un grave error; si no lo creían, nos estaban mintiendo. No sé qué será peor, lo dejo a juicio del lector.
El actual subdelegado, insisto, reconoce que de vez en cuando hay oleadas de robos que van y vienen como la marea. No digo que no tenga razón, pero es una explicación que parece llevar aparejado cierto encogimiento de hombros del tipo «¿Qué quieren que hagamos?» También es una buena pregunta y, francamente, no tengo la menor idea. Eso tal vez sea porque no soy de la Policía Judicial y no me dedico a eso, pero estoy convencido de que los que se dedican a eso sí tendrán una idea de lo que hay que hacer que, podría ser, no les dejen decir en público porque a lo mejor se salpica a alguien de arriba con peticiones que dejarían en evidencia que son necesarios más agentes porque los que hay actualmente son un número ridículamente bajo.
Entretanto, seguiremos con nuestra estadística que ronda el robo diario y estas explicaciones de que en realidad lo que pasa no es tan grave. Son ese tipo de cosas que se suelen decir cuando no es a ti a quien le afectan.