lunes, 18 de enero de 2016

Los inicios de la banca en A Mariña

Fuente texto y foto: La Voz de Galicia
Las remesas de dinero enviadas por los emigrantes y la autorización para poder comerciar con América desde Galicia crearon, en la segunda mitad del siglo XIX, el clima adecuado para que surgiera un nuevo tipo de negocio, el bancario. Las necesidades de crédito y de poder realizar operaciones de giro _imprescindibles para negocios, actividades de importación y exportación e, incluso, para el envío de fondos por los emigrantes_ propiciaron la creación de entidades bancarias que tuvieron sus iniciadores en los comerciantes-banqueros y casas de banca en villas como Viveiro, Ribadeo, Mondoñedo, O Valadouro, Foz y A Pontenova.
Los emigrantes remitían dinero a sus familias a través de cónsules y agentes oficiales de inmigración, por medio de navieras o armadores o de bancos como el del ribadense Narciso Obanza o el Banco Pastor que nacieron, precisamente, para canalizar ese flujo
económico.
Los envíos de dinero empezaron a constatarse en 1861. Y ya en 1904, tan solo el Banco Español del Río de la Plata envió a Galicia entre 40 y 50 millones de pesetas, según constatan González Besada y otros estudiosos. Esas elevadas sumas provocaron que bancos radicados en España y con sucursales en América se asentasen en nuestra comunidad. Fueron, entre otros, el Banco Herrero, el de Siero, el de Gijón, el Banco de La Coruña o el de Hijos de Olimpio Pérez. Con todo, eran aún pequeños bancos regionales que precisaban el concurso de otros para su labor.
Por eso, a principios de siglo, comienzan a llegar a Galicia grandes bancos para controlar el negocio del ahorro emigrante a través de sus agentes en nuestra comunidad. Unos son sucursales de bancos como el Banco Español del Rio de la Plata, el Banco de Galicia y Buenos Aires, el Banco del Comercio Hispano Argentino y otros, de entidades españolas como el Banco Hispano Americano o el Español de Crédito.

Agentes de Mondoñedo


El Banco del Comercio Hispano Argentino fue el primero en establecer una tupida red de sucursales para controlar el negocio de los giros bancarios de la emigración. El 20 de diciembre de 1904 este banco publicaba una página en «El Eco de Galicia», de Buenos Aires con los corresponsales propios que tenía en Galicia. La relación permite conocer la capilaridad de este banco y, sobre todo, identificar a la burguesía comercial de A Mariña.


En esa página figura como corresponsal en O Valadouro Andrés Canoura Palmeiro, que había sido uno de los fundadores del Centro Gallego de La Habana y que luego constituya la Banca Canoura regentada por su hijo Ramón Canoura Fernández. En Mondoñedo, los agentes bancarios eran Hijos de José Marí­a González Rego, Pascual Cigarrán, Pedro Salaverri y los comerciantes banqueros Joaquí­n Candia y Antonio González González.


En Lourenzá, el emigrante retornado Inocencio del Riego ejercería, años más tarde, la corresponsalí­a del Banco Hispano Americano. En Foz, el agente bancario era Francisco L. Souto y en A Pontenova, Federico López, que ostentaba la corresponsalía del Banco Herrero. Y en Viveiro y Mondoñedo operaba también una agencia, relacionada con los emigrantes, que se llamaba Ángel Arias y Compañía.

Ribadeo ya disponía de navieras y bancos de Bengoechea y casas

«El Eco de Galicia» constata en 1904 como corresponsales del Banco Hispano Argentino en Ribadeo a la sucursal de Francisco Martí­nez, Bengoechea&González y a la Viuda e Hijos de Carlos Casas.
Pero Ribadeo ya tení­a desde la primera mitad del siglo XIX un pujante comercio y una gran actividad portuaria que había posibilitado en la villa hasta ocho corresponsales acreditados del Banco de España. De ellos, destacaban dos: Antonio de Casas, representante de la casa Santamarina, de Santiago, llegado a Ribadeo para comerciar con el lino, prestamista y conservador; y Francisco Antonio de Bengoechea, marino vasco, comerciante y liberal.

Herederos


El primero fundó la Banca Casas _la Casa de Arriba, ubicada en el Cantón_ que contaba también con una importante empresa naviera.


Esta banca quebró en la Segunda República y sus responsables huyeron con los ahorros de los paisanos en las maletas.


Según relata Alfonso García López, en la década de los años 50, la viuda de uno de los herederos, Manuel Casas Couto, apareció de improviso en Ribadeo para reclamar algunos bienes familiares. Pero le recomendaron discreción pues en la villa aún se recordaban los daños causados por la quiebra familiar. Francisco Antonio de Bengoechea, por su parte, era un marinero vasco avecindado en Ribadeo desde el año 1839.


En la calle de la Paz _después, calle Amando Pérez_ fundó una casa comercial, naviera y bancaria, la Casa de Abajo, que representó los intereses del Banco de Oviedo y los del compostelano Banco Simeón.


Negocios


Sus prósperos negocios pasaron a manos de su heredero Francisco Martí­nez González-Bengoechea _diputado liberal a finales del siglo XIX_ que murió en París en 1900 y dejó una jugosa herencia de casi tres millones de pesetas a su administrador, Bonifacio Torres, y a sus primos el luarqués Godofredo Álvarez-Cascos y el ribadense Ramón Bustelo, diputado liberal en Cortes. Los tres constituyeron la banca «Herederos de Francisco Martínez Bengoechea» que también quebró en el año 1933.

Rebellón y López Carballés, entre la política y los negocios en Viveiro

En Viveiro, «El Eco de Galicia» cita a Hijos de Francisco Ramón López Carballés, a Domingo Franco y a Ramón Rebellón Zubiri como titulares de agencias y corresponsalías bancarias.
Este último, aunque nacido en Ourense, era hijo de una notable familia vivariense, la formada por el médico Modesto Rebellón e Isabel Zubiri. Era hermano de Gabriel Rebellón Zubiri, General del Cuerpo de Sanidad de la Armada. Ramón, que era abogado, fue hijo polí­tico de Bartolomé Basanta Miranda, representante del partido conservador de Viveiro en la restauración borbónica. Además del Pazo da Trave, heredó su estructura política y al mismo fue diputado en Cortes por el partido de Cánovas del Castillo durante varias legislaturas. Murió en Galdo a los 76 años.
Francisco Ramón López Carballés y su hijo Benigno López Muñoz eran, por su parte, los jefes del partido liberal en el distrito. El padre _ que había nacido en Celeiro en 1822 y fue alcalde_ legó al hijo barcos, negocios de pesca y salazón y una casa de banca. Un sólido imperio cimentado en el transporte de pasajeros y mercancí­as a Cuba en un barco de su propiedad.

Influencias

El hijo se aprovechó de las influencias políticas paternas, consolidó los negocios pesqueros y los amplió a otros sectores como monopolios de sal, de tabaco o de la industria eléctrica. Pero, en los años treinta, sus negocios decaen y su casa de banca no tiene liquidez. López Muñoz, agobiado, avergonzado y arruinado, se suicidó.