jueves, 15 de octubre de 2015

Recto verso por Pablo Villapol (El Progreso)

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(Pablo Villapol, xornalista de El Progreso)
Fuente: El Progreso

El Gusto


DARÍO CAMPOS, el alcalde de A Pontenova, es ahora también presidente de la Diputación Provincial de Lugo. Quién se lo iba a decir. Al igual que trajimos aquí mismo a la mindoniense Elena Candia cuando le tocó, traemos ahora a este regidor socialista al que cuesta muchísimo ver como cabeza visible del ente provincial. Lo cierto es que se trata de una persona que no parece muy dada a este tipo de cargos, pero ahí está, dando la cara, aunque él mismo dice que tiene fecha de caducidad. Aunque parezca raro, tal vez haya quien lo eche de menos, como los vecinos de A Pontenova.

Cambios en el Camino


Peregrinar entonces aún conservaba algún punto medieval: no había muchos albergues y había que calcular para no quedarse colgado por el camino, nunca mejor dicho. La gente era extremadamente amable contigo. En nuestro caso, nos metimos en una de las pallozas de O Cebreiro calados hasta los huesos y decidimos calentarnos haciendo un fuego en la palloza, sin tener en cuenta que no tiene precisamente conductos de ventilación, así que a los diez minutos tuvimos que salir por piernas con aquello lleno de humo. Una mujer que vivía enfrente nos acogió en su casa, nos hizo la cena y al día siguiente el desayuno. Insistimos en pagarle pero acabamos por darle más bien una limosna que otra cosa.
Con respecto a los albergues la cosa estaba tan complicada que cerca de O Pino llegamos a uno que estar, lo que se dice estar, estaba. Desde fuera ya presentaba un aspecto bastante sospechoso. Pero al entrar espantamos a dos ratas enormes que salieron disparadas y decidimos que era mejor tirar de la iniciativa privada e irnos a un hostal.
Hubo muchísimas risas, muchas ampollas, mucho compañerismo y la sensación de estar viviendo algo especial e íntimo.
Luego empecé a ver aquellas peregrinación del 93 y del 97 de miles de personas al mismo tiempo, de colas sin fin en la oficina del peregrino de Santiago, las masificaciones, la gente que vive en los pueblos algo harta de la mala educación de algunos peregrinos y pensé que por fuerza aquello tenía que haber cambiado al dispararse la cantidad de gente. Ya era otra cosa.
El pasado miércoles constaté el cambio producido en este mismo periódico. El Rey de España y el presidente de la Xunta de Galicia sostenían al unísono una vieira aparentemente de plata enmarcada que Feijóo le daba al monarca. Debajo de la foto un despiece de la información principal me avanzaba dos «embajadores» de excepción para esta ruta: Mariano Rajoy y Vicente del Bosque. Yo creo que esto ya deja muy claro que todo esto cambió y no se parece en nada a aquel lejano 1992 en que la gente todavía nos miraba con curiosidad al pasar por Herrerías, aún en León.
Hace una semana entrevisté a la secretaria xeral para o Turismo, Nava Castro, que me explicaba que las diferentes variantes de esta ruta son ya patrimonio de la humanidad, reconocidas además con ese nombre.
Y llevaba razón. El Camino de Santiago es la aorta por la que más peregrinos llegan a Galicia. En Ribadeo se ve de una forma muy clara porque es la puerta de entrada a Galicia por el Camino Norte. Si se le pregunta a cualquiera que tenga un bar se obtendrá siempre la misma respuesta, y es que este verano hubo más peregrinos que nunca. Se podían ver en verano cada mañana por las calles del pueblo con las inconfundibles mochilas a la espalda y algo desorientados entre las calles. Para mi gusto no madrugan mucho, cuando lo más útil es llegar cuanto antes a donde vayas, aunque a nosotros nos llevó varios días llegar a comprender eso.
Pero a lo que iba es que en cierto modo algo se nos quedó por el camino. Cierto encanto se perdió en el momento en que la gente se organiza para hacer cada domingo una ruta de la peregrinación. Eso es un fraude. El Camino de Santiago está concebido en su esencia como un tránsito espiritual que no puede completarse de verdad si no es superando una serie de penurias. Es una vergüenza eso de que te lleve la mochila una furgoneta. O organizarse para hacerlo 300 personas al mismo tiempo. O hacer una etapa cada domingo ¿Qué carajo es eso? Aún tengo la esperanza de que este Papa, al que tanto le gustan los charcos, retire la Compostela en esos supuestos y otros aún peores, que los hay.