lunes, 26 de octubre de 2015

El culebrón que no cesa

Martínez y Campos, abrazados por el alcalde de Meira, en el pleno de la moción
Fuente: El Progreso
COMO DICE SIMEONE, hai que ir partido a partido, hai que pensar as cousas ben para que saian regular». Esta máxima del presidente de la Diputación, Darío Campos, parece un augurio de lo que va a ocurrir a partir de mañana, si cumple con el plazo planteado por él mismo y da a conocer su gobierno, porque, decida lo que decida, lo que está claro es que, a pesar de mucho meditar (más de dos semanas), le va a salir regular. Por muy buena intención que le ponga el también alcalde de A Pontenova, es materialmente imposible que
contente a todos los implicados en el culebrón que está viviendo la Diputación de Lugo.
Si cumple con el compromiso adquirido con su compañero en las filas socialistas y alcalde de Becerreá, Manuel Martínez, para que respaldase su elección como presidente de la Diputación, y, por lo tanto, lo incluye en la junta de gobierno, no podría contar con los dos diputados del BNG. Según defendió su portavoz nacional, Xavier Vence, el código ético de esta formación impide, en teoría, que los nacionalistas gobiernen con personas imputadas judicialmente y, por lo tanto, si el becerrense entra en la comisión ejecutiva, Antonio Veiga y Xosé Ferreiro no podrían estar en este órgano, a pesar de que el primero ya fue nombrado vicepresidente el mismo día de la moción de censura.
Esta posibilidad abocaría al PSOE a gobernar en solitario y, por lo tanto, en minoría, con todos los inconvenientes que esto supone. Tendría que buscar el apoyo de los dos diputados nacionalistas continuamente para sacar los asuntos adelante en los plenos y la gestión sería mucho más engorrosa, por lo que prácticamente se da por descartada.
Otra opción sería que el BNG acabe aceptando la inclusión de Martínez en la junta de gobierno. Algunos miembros de la formación nacionalista en Lugo aceptarían sin problemas, porque de hecho ya gobernaban con el alcalde de Becerreá después de su imputación, pero supondría la desautorización evidente de su portavoz y estas actitudes no son propias de los militantes que aún quedan en el BNG, siempre dispuestos a someterse sin rechistar a la disciplina que marca la cúpula.
La tercera posibilidad -en la que se han centrado las negociaciones que han mantenido nacionalistas y socialistas en las dos últimas semanas y que parece la elegida- es burlar el código ético del BNG, aplicando el concepto de gobierno en el más estricto sentido de la palabra, bloqueando el acceso a imputados solo a la junta de gobierno (además de Martínez, en el grupo provincial socialista hay otros dos diputados en esta situación, los alcaldes de Pol y Viveiro), pero dándoles responsabilidades en el ejecutivo. De esta forma, se le podrían otorgar a Manuel Martínez competencias en el área de vías y obras, con dedicación exclusiva, tal y como le prometieron, pero sin integrarlo en la comisión ejecutiva.
Esta sería la salida menos traumática y parece que es la que se ha elegido, pero tiene un inconveniente insalvable porque tendría que ser aceptada por Manuel Martínez, que difícilmente soportará otra humillación. El becerrense lleva sufriendo feos por parte de la dirección de su partido desde hace ocho años. Primero, le colaron a José Ramón Gómez Besteiro como presidente de la Diputación, en 2007, a pesar de todos los años que estuvo sufriendo en la oposición al todopoderoso Cacharro Pardo. Después, el pasado junio, con muy malas formas y en el último momento, lo desbancaron como candidato a la presidencia provincial por el veto del BNG y provocaron su rebeldía en el pleno que permitió la llegada de Elena Candia al poder. Ahora, tras ceder en sus aspiraciones a presidir la entidad, sería aberrante que se la volviesen a jugar incumpliendo el acuerdo que, por cierto, no fue solo un pacto entre caballeros sino que consta por escrito. Quien conoce bien a Martínez sabe que ya ha soportado demasiado y que no está dispuesto a pasar por el aro una vez más.
Si el becerrense no acepta, podría continuar en la corporación en el grupo mixto y convertirse en un quebradero de cabeza constante para el gobierno de Campos, además del riesgo que supone para el ya desorientado PSOE lucense que el alcalde de Becerreá saque a la luz las traiciones y otros trapos sucios que se han generado en las tuberías socialistas desde mayo y que harían sonrojar a más de uno.
Pase lo que pase y aunque Campos haya meditado mucho, la situación es tan complicada que la polémica está servida y el culebrón de la Diputación no cesará mañana ni terminará con todos sus protagonistas felices y comiendo perdices.