sábado, 27 de junio de 2015

Un efecto dominó tras la renuncia forzada de Orozco


En el PSdeG-PSOE lucense se ha instalado una sensación generalizada de desastre inexplicable. Ni los militantes con más experiencia institucional entienden qué ha pasado aquí, cómo es posible que tras conseguir 28 alcaldías, entre ellas la de la capital, y estar en condiciones de mantener la Diputación mediante un pacto con el Bloque, hayan perdido el gobierno provincial, enviado al baúl de los recuerdos a José López Orozco (16 años alcalde de Lugo), desautorizado al secretario provincial y puesto en el más difícil brete de su carrera política al secretario xeral del partido, José Ramón Gómez Besteiro. Algunas miradas apuntan al amplio entorno inmediato del expresidente de la Diputación y jefe del socialismo gallego.
Orozco se presentó a las pasadas elecciones locales porque quería hacerlo, pero también porque las encuestas indicaban a su partido que con él tendría el mejor resultado posible. No hacían falta encuestas para saber que Orozco, pese a la imputación en el caso Pokémon, era la mejor opción socialista: se tradujo en casi 14.000 votos y ocho concejales, uno menos que el PP. Por qué no renunció Orozco en la noche electoral, cuando vio que la suya no era la lista más votada? es una pregunta aún sin respuesta. Alguien debió de ofrecerle entonces su apoyo, quizá el propio Besteiro, que después lo hizo en público, y desde luego el secretario local, Luis Álvarez. Hasta pocas horas antes de la toma de posesión de la nueva corporación, incluso tras una larga reunión con Besteiro, Orozco sostuvo que el candidato era él. Después, renunció.
Hay quien dice que Orozco diseñó su lista como una bomba con espoleta de retardo. Con él, sería gestionable; sin él, seguramente un caos. Lara Méndez, ex vicepresidenta segunda de la Diputación, como número dos de la candidatura, tuvo que hacerse cargo de la alcaldía, aunque ella apuntaba a la Diputación. El número tres, el secretario provincial, Juan Carlos González Santín, no quería ni oír hablar de la alcaldía; lo suyo era la presidencia del organismo provincial. Dicen que ahí se enfrió definitivamente su relación con Besteiro. Santín esperó a última hora para anunciar su candidatura a la Diputación, que ya había lanzado Manuel Martínez. En algún despacho se fraguó entonces una operación dominó para apartar de la candidatura a Martínez y Santín. En la carrera para conseguir el apoyo de los concejales socialistas alguien jugó a favor de Martínez (todo indica que sin que él lo supiera) para desbancar a Santín, como así ocurrió. Mientras, había circulado ya ampliamente el recordatorio de la imputación por malversación de Martínez. El BNG hizo lo demás al cumplir, parece que a regañadientes, la orden recibida desde Santiago de no apoyarlo por estar imputado. Martínez resistió la presión que recibía día a día; como a Orozco el partido le ofreció su apoyo hasta que dejó de ofrecérselo y eligió candidato al alcalde de A Pontenova, Darío
Campos. En la constitución de la corporación, Martínez se votó a sí mismo y, por pasiva, dio la presidencia al PP. El resultado del efecto dominó es que Besteiro está ahora en la cuerda floja.