martes, 16 de diciembre de 2014

Fai hoxe 14 anos...


PALACIOS
Ángela Moirón Jácome disfruta de sus 101 años de edad en su barrio natal de Vilaeimil, en A Pontenova El final de este milenio y la llegada del próximo pueden animar a la confección de balances y a la publicación de análisis. Si los recuerdos y las impresiones personales fuesen la base de un estudio, a Ángela Moirón Jácome le correspondería un lugar de honor. Anteayer cumplió 101 años, más de un siglo de vida que hoy conserva con buena salud física y mental. Con una jovialidad y una lucidez que causan alegría y admiración atendió ayer en su casa a este periódico, al que contó impresiones y recuerdos de una vida que por su duración ha conocido muchos cambios. Pero la «abuela» de A Pontenova aún hace vida activa, puesto que cocina a diario para ella y para un nieto y echa un vistazo a partidos de fútbol y a concursos de la televisión.

Aún no son las 11 de la mañana, pero Ángela Moirón Jácome ya está levantada, dando signos de una vida normal y activa. Su vida diaria, explica, empieza «ás nove ou nove e algo». El primer trabajo es preparar su desayuno, «café con leite e pan». Hace sola esta comida, pero no la del mediodía. En el almuerzo la acompaña su nieto José Antonio: vive en Ribadeo, pero trabaja en Forxas de A Pontenova y visita a su abuela a diario.
Es uno de los nietos que más tiempo pasó con ella, un contacto que no se ha roto ni mucho menos. Llega la tarde y Ángela Moirón nos cuenta su programa: «Ando por aí, falo con uns e con outros, teño unhas pitiñas e doulles de comer... E despois, vou á polavila». Polavila es, en esta zona oriental de Galicia, el nombre que se le da a la reunión nocturna de vecinos y familiares. Esta centenaria mujer acude al anochecer a la cercana casa de su hija Rosa, en la que practica uno de sus pasatiempos favoritos, sentarse ante la televisión. Allí ve magazines como Luar o partidos de fútbol. «Non entendo, pero gústame mirar para eles», afirma.
«Na cama aguanto ben»
A las 11 de la noche, a veces un poco más tarde, llega la hora de acostarse. «Algunhas noites -explica- durmo bastante ben; outras, xa non tanto e non prendo o sono; pero na cama aguanto ben». Y así acaba un día más o menos normal. «Pódolle dicir -afirma- que vivo mellor agora. Non traballo e teño cinco pesos, que antes, ás veces, non os tiven, e sen cartos non se fai nada».
¿Hay alguna razón que explique esta longevidad? «Créoo porque o vexo, pero quen me había dicir que pasaría por esto. Chegar onde cheguei, nunca o pensei», confiesa.
Su hija Rosa, de 65 años, explica que la persona de más edad del barrio tras su madre tiene 97 años. Acabada la conversación, Ángela Moirón sale de su casa y por la carretera, con su madre, aparece Iván, de tres años. El pasado y el futuro de Vilaeimil se unen de la mano en el presente.